Nostalgia de la calle Victoria de Valparaíso

Caminar por la calle Victoria de Valparaíso es sumergirse en un pasado reciente y también profundo. Un pasado de almacenes, pequeños negocios de telas, algodones, botonerías, prendas de primera comunión, de novias, en fin. Algo de ese pasado sigue quedando en sus calles, aún cuando se percibe cierta tristeza, cierta nostalgia, cierta quietud que habla de otros tiempos donde bullía el comercio, el caminar incesante de porteños y porteñas, los colegios, la vida misma.

Hoy sobreviven algunas paqueterías, mueblerías pequeñas, está vigente el proyecto de revitalización del que fuera el Teatro Rívoli, exhibiendo en sus exteriores parte de las máquinas en que se proyectaban las películas, hoy se denamina Sala Rivoli, https://salarivoli.cl/nosotros/

La reseña histórica cuenta que originalmente funcionó el Cinema Star , construido durante la década del 20. Tenía un amplio hall de entrada con un precioso piso de baldosas blancas y negras y su capacidad bordeaba los 1.500 espectadores. Posteriormente, el Teatro Rivoli vino a sustituir al Cinema Star. El edificio resaltaba por sus cuatro pisos y al estar edificado con materiales sólidos ha podido resistir los sismos del siglo XX. A mediados de los 60 comenzaron los problemas de dinero por falta de espectadores. Luego se instala el Persa Rívoli, en que se dio un giro al lugar que se ha replicado en otros teatros porteños: se vio convertido en un lugar de comercio, rebautizándose popularmente como «Persa Rívoli», y que, con el auge de los grandes centros finalmente debió cerrar.


Farmacia Victoria

Pero hay ciertos lugares que no volverán, como la grandiosa Farmacia Victoria, en la esquina con calle Uruguay, un verdadero museo de fármacos, pócimas y recetas a pedido, olor a maderas antiguas, mesones grandiosos y pequeños cajoncitos donde se organizaban los componentes de los recetarios. Buscando en la web, la referencia señala: «edificio para la empresa Voigt y Cía. 1912, fue diseñado para albergar la botica de la empresa desde sus inicios.Arquitectos Albert Siegel Lubbe y August Geiger Schick»


Entre la Plaza O¨Higgins y la avenida Argentina, abundaban las tiendas de ropa de algodón, las zapaterías, dos señoras muy bien peinadas atendían una pequeña botonería con cientos de opciones para las demás señoras que cosían o encargaban sus vestidos de primavera, buscando combinaciones perfectas para las telas recién compradas. Estrenar las nuevas creaciones era uno de los grandes placeres de las mujeres de antaño, que se esmeraban en elegancia y estilo, de ahí que abundaran las casas de costuras y talleres de modistas. Con ello, progresaba también el trabajo femenino y las tiendas de telas, sedas, hilos y accesorios necesarios.


Una misteriosa casona señorial


Una casa que alguna vez fue hermosa y señorial, llamaba la atención de los transeúntes, ubicada muy cerca del, posteriormente construido, Congreso Nacional en los terrenos del que fuera el Hospital Deformes. Hace algunas décadas, dicha casona se destruyó por un gran incendio. La leyenda urbana hablaba de una aristocrática anciana que la habitaba y en las noches tocaba el piano. Más de alguna vez, los vecinos la vieron deambular desgreñada y delirante por el barrio. Una noche, se dice, en medio de la acumulación de enseres de los feriantes en las bodegas del primer piso, se generó el incendio que arrasó con todo.


Buscando por ahí, encuentro esta cita de Manuel Peña Muñoz en su libro, «Ayer soñé con Valparaíso»: «En la calle Victoria estaba el palacio de la familia Labarca… en ruinas después del gran incendio que lo destruyó. Hace años -invitado por el pianista porteño Juan Leighton- estuve en su interior visitando a las dos hermanas Estrella y Marie Charlotte, personajes enigmáticos y poéticos que han poblado la geografía humana de Valparaíso. Estrella era la mayor y siempre acudía a las reuniones de la colonia española vestida con un traje de color rosa viejo, un camafeo al cuello y una peluca de rizos. Era pintora naif, ya que incluso firmaba los cuadros pintando una estrella y una barca: Estrella Labarca. Al Club Español de Valparaíso le regaló uno de sus óleos que representaba a la reina Isabel la Católica. También vi cuadros suyos de temáticas florales. Marie Charlotte era la menor. Siempre altiva, con la mirada lejana, refugiada en sus recuerdos y abolengos. Allí estaban siempre, asomadas a los ventanales del palacio que daban a la calle Almirante Barroso, en medio de aquel mobiliario francés y bajo el escudo de armas de la familia. Luego pasaban al comedor original de Enrique VIII y mostraban la platería inglesa, las porcelanas, el piano que había sido traído de la Exposición Universal de París…»


Hay otra casona que también llama la atención, está muy cerca del Teatro Rívoli ,o como ahora lo nombren, está tapada por negocios pequeños y feos, pero conserva cierto garbo, por dentro se siente olor a humedad, gatos y decadencia, pero se adivina un bello pasado familiar, en sus ventanas biseladas, alguna vez funcionó el taller de costura de la famosa cantante popular porteña, Lucy Briceño, hoy luce pintado en su exterior, pero el paso del tiempo ha sido implacable con su interior.


¡Tantos lugares por reconocer y recordar!