“En Viña del Mar se dio algo bastante curioso, las poblaciones tuvieron una actividad cultural impresionante y muy organizada. Incluso más organizada que en Valparaíso.”

  • Felipe López es autor del libro «¿Qué pasaba en los cerros? , Peñas, Cultura, Poblaciones y Dictadura”, su primer texto de investigación sobre el rescate de la memoria cultural de los cerros principalmente, de Viña del Mar.

            Felipe López Muñoz  tiene apenas 25 años, estudió pedagogía en historia y licenciatura en historia en la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso. Temprano se dio cuenta que lo suyo era la investigación más que la enseñanza pura, aunque también hizo clases en aula, se dio cuenta que su verdadera pasión era la investigación histórica del Chile reciente, ese que dejó heridas y cicatrices que aún no se borran.

En ese contexto y la preparación de su tesis,  surge la inquietud de investigar a través de la historia oral y la  reconstrucción de la memoria histórica, sobre las legendarias peñas que se organizaban en los cerros de Viña y Valparaíso. Dicho arduo trabajo de recolección de la memoria oral en tiempos de dictadura, se convierte en una publicación que posteriormente, postula al fondo del libro de la Universidad Católica el 2025 y se lo adjudica, por lo que su primer libro “ ¿Qué pasaba en los cerros?” ve la luz de sol hace pocos meses.

Inspiraciones y motivaciones

Felipe explica sus motivaciones en investigar las peñas en los cerros y los descubrimientos que logró , “hay un interés personal por el periodo de la dictadura y además siempre he sido muy fan de la música. He estado vinculado a circuitos ligados al folclore. Entonces, en conversaciones con ellos, conversando qué podía hacer de investigación, salió el tema de las peñas clandestinas. Ya tenía un par de contactos con músicos que habían participado en peñas clandestinas, encontré que había un nicho que nadie había estudiado y al que yo me podía dedicar. Y me entero que justo había dos investigadores que se habían adjudicado un fondo de la música para estudiar lo mismo. Antes de esta investigación, la mía, y esta investigación de los otros investigadores, no había nada de las peñas folclóricas de Valparaíso, de Viña del Mar. Entonces, ¿qué opción encontré yo?  moverme un poquito para el lado, dejar que los dos investigadores hicieran lo suyo. Si ellos van a investigar las peñas grandes, las peñas establecidas que operan en el centro de la ciudad,  yo me moví un poquito y decidí irme a los cerros y a las poblaciones. Ahí aparecen varias conexiones con mi historia personal. Yo nací y me crié en Forestal, en la punta del cerro, en la población Las Palmeras. Me gustó explorar  las poblaciones, lo poblacional.”

¿Y conforme a tu investigación, qué lograste descubrir?

“Descubrí hartas cosas interesantes. En la memoria de los pobladores que participaban de estos espacios en Valparaíso, resuenan las grandes peñas del centro, la que más resuena es la peña del Instituto Chileno Francés de Cultura, en el centro de Valparaíso y la peña del Brasero, en lo que ahora es la Universidad de Playa Ancha. En Valparaíso, se dio una orgánica bien curiosa,  las peñas en el centro fueron los primeros lugares donde las personas,  militantes, o ex-militantes de izquierda, pudieron rearticularse y  volver a conversar, compartir, pero a medida que se podía ir hablando de temas políticos, ir hablando de reorganizarse, y después, se van organizando las primeras jornadas de protesta nacional. En las peñas de Valparaíso, las peñas del centro, es donde se empiezan a articular. Y yo me dediqué a estudiar las peñas de los cerros y de las poblaciones en específico, y cómo los pobladores de los cerros también encontraron en la peña una oportunidad muy buena para hacer varias cosas en el cerro. En primer lugar, era una instancia de solidaridad, donde los pobladores podían conseguir recursos, podían conseguir enseres, alimentos no perecibles, para ayudar a las personas o familias, donde una persona había desaparecido, o estaba detenida.”

¿ Y fue difícil la recolección de la información? 

“La primera instancia que tenían estas peñas poblacionales era de solidaridad. Tenían que ver con juntar dinero para personas que estuvieran pasándolo mal, y también tenía esta segunda orientación, que era poder rearticular a las personas que en ese momento no podían juntarse, porque la dictadura no lo permitía. Es algo muy difícil de documentar, es imposible tener un número de cuántas peñas había, en qué poblaciones, porque trabajar con historia oral en un periodo de dictadura es complicado. No quedan documentos escritos y acceder a las memorias de las personas también es complicado. Y en Viña del Mar también se dio algo bastante curioso, las poblaciones también tuvieron una actividad cultural impresionante y muy organizada. Incluso más organizada que en Valparaíso.” 

¿Y por qué las actividades se concentran en los cerros?

“Desde sus inicios,  a fines del siglo XIX, 1880, 1890, se hablaba de hacer de Viña del Mar un gran centro turístico. Estaba el casino, el estadio Sausalito, todas las cosas apuntan a que sea una ciudad muy bonita. Y eso se contradice totalmente con todo el movimiento que hay de los pobladores  desde mitad del siglo XX. En 1950, 60, 70, empiezan a llegar pobladores en masa y como no hay lugar en el centro para recibirlos, se empiezan a amontonar en los cerros, para recibir a los obreros del campo. Y así con todos los cerros.”

¿Se podría decir que el barrio de Forestal fue más pionero en esa época? 

 “Yo documenté que en todos los cerros había una actividad importante. Entre ellos, Forestal era de los más movidos. Pero también Achupallas, Nueva Aurora eran cerros muy movilizados. Y dentro de esta lógica, Viña del Mar es una ciudad en que las poblaciones quedaron históricamente muy relegadas de lo que se hacía en el centro. Hice un trabajo de recopilación de lo que en ese momento se publicitaba en los periódicos aprobados por la dictadura, el Mercurio, la Estrella. En Viña del Mar había una movilización cultural muy importante en el centro, pero eran orquestas sinfónicas, conciertos, piano, violín. Y es lo más apolítico que se puede hacer. A diferencia de Valparaíso, que la movilización empezó en el centro, en Viña del Mar no estaba ese espacio en el centro, así que los pobladores se empezaron a organizar directamente desde los cerros.” 

¿Eran actividades culturales o más políticas?

“Empieza la organización post-golpe, que tiene un rol más solidario. Hay harta colaboración con la iglesia, con alimentar a las personas, con hacer ollas comunes, pero a medida que se puede, se van haciendo hartas actividades culturales. Los paseos, lo que más hacen, las actividades de la junta, las ollas comunes, y eventualmente hacen peñas, que nuevamente aparece como esa actividad cultural, pero en la peña se toca música, que suele ser disquera, pero al mismo tiempo en ella se compartían ideales, que eran anti dictadura. Y se iban transmitiendo, se iban haciendo más actividades, y más personas iban compartiendo ese mensaje. En Forestal  hubo cerca de 25 organizaciones sociales de paz, y esto ocurría en todos los cerros. En Aurora, en Miraflores, en Achupallas, en Canal Beagle, etc”. 

¿Y hay registros de jornadas que marcaron hitos en lo cultural?

“En el 85  surgió una de las actividades más emblemáticas que fue la organización del Día del Roto Chileno. Esa era una fiesta que normalmente la hacía la municipalidad, es decir, el gobierno militar, y se celebraba en el Estadio Sausalito. Y los pobladores de Achupallas empezaron a darle vuelta a eso, y decir: oye, hacen la fiesta del Roto Chileno, la hacen en el centro, la hacen con la gente del centro, la hace esta cultura elitista, y el Roto Chileno somos nosotros!, somos los que viven en los cerros, en las poblaciones!. Y se les ocurrió organizar un Día del Roto Chileno, pero paralelo, en el cerro. Y fue un evento grande, lograron movilizar cerca de 4.500 personas,  la misma cantidad de personas que llegaban al evento del centro. Se organizaron todos los cerros, contrataron micros para traerlos. Entonces eso fue bien terrible  para la dictadura, porque demostró que había una capacidad de organización  tremenda que cada vez se estaba demostrando más.” 

¿Y por qué comienza el declive de las peñas?

“Porque empiezan las jornadas de protesta nacional, y la peña era ese espacio mediante el cual las personas podían luchar. Entonces, a medida que la gente empieza a luchar, ya no era necesario. Acá en Valparaíso y en Viña del Mar, las peñas de cierta manera, siguen. Se sigue celebrando como una instancia cultural, durante todos los 80, incluso después del retorno a la democracia, la peña sigue un poco instalada. Sin embargo, la peña finalmente termina siendo absorbida por otros locales que tenían un propósito un poco más comercial. Llegan los cafés,  los pubs,  las discos, llega un montón de otras cosas que tienen un propósito económico, y la peña no tiene un propósito económico. Tiene un propósito social,  un propósito cultural, pero su fin último no es conseguir ni generar dinero. Entonces, al final, la peña termina siendo una instancia recordada con cariño, que a veces se celebra en los cerros, todavía se celebran peñas.”

¿Y sobreviven algunas manifestaciones similares hoy en día?

“Hoy en día existe el colectivo del Brasero, que eran las peñas que se hacían en la UPLA. Existe el colectivo del Magisterio, que eran las peñas de Villa Alemana. Sin embargo, ese propósito ya no está. No está el propósito de juntarse con un objetivo mayor, que era luchar contra la dictadura. Y Chile se ve envuelto en todo esto que es el sistema económico que se instaló en la dictadura, el neoliberalismo. Entonces todo se vuelve un poco más comercial, todo se vuelve más económico, cambia la mentalidad de la gente, hay más consumismo. Y esa construcción que se había logrado en algún momento del tejido social, termina por diluirse en eso. No quiero decir que hoy en día no exista gente con  conciencia social, ni que exista gente que siga nadando un poco contra la corriente, pero lamentablemente yo creo que la mayoría de personas se vieron un poco más atraídas o envueltas en toda esta corriente un poco más consumista.”