La extrañeza de los cuerpos: El Museo de Anatomía de la Universidad de Chile

El Museo de Anatomía de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile, primer museo de este tipo del país, posee una colección que destaca por la construcción de un relato científico histórico que permite comprender y adentrarse en una mirada muy rigurosa del cuerpo humano.

Se encuentra ubicado en la comuna de Independencia, en la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile y gracias a su gran colección, ha llevado por generaciones el conocimiento de la disciplina científica al aprendizaje más puro y concreto. El médico cirujano Julio Cárdenas, quien es el director del recinto y gestor de su declaratoria de Monumento Histórico, explica que este lugar es el resultado más de cien años de trabajo científico y académico: “Nos encontramos en el primer museo anatómico de nuestro país, que depende de la Universidad de Chile, y que reúne todo el acopio de material que los anatomistas han desarrollado a lo largo de la historia con el fin de enseñar la disciplina”, comenta.

La historia del museo comenzó en 1833, al mismo tiempo que se formaliza el estudios de medicina en Chile. Años más tarde, en 1860, el médico francés Julio Francisco Lafás impulsa la creación de un gabinete de anatomía en la antigua Escuela de Medicina ubicada en calle San Francisco.

Con el tiempo, ese gabinete fue creciendo y transformándose en una sala de colecciones cada vez más amplia, incorporando nuevas piezas y materiales utilizados para la enseñanza.

El espacio también fue cambiando de ubicación. En 1889 se trasladó al sector de La Cañadilla actual avenida Independencia y finalmente, durante la década de 1920, se instaló en el edificio que hoy alberga al museo.

En el proceso, mantener y conservar las piezas anatómicas ha sido un desafío constante a lo largo del tiempo. En los primeros años, las técnicas disponibles eran bastante limitadas.

“El material biológico necesita productos químicos y esas técnicas se han ido desarrollando con los años. Inicialmente, no había preparados que pudieran mantenerse en el tiempo, tanto por las sustancias disponibles como por la manipulación que tenían estas estructuras”, explica Cárdenas.

Por eso, una de las piezas más antiguas que conserva el museo no es un cuerpo humano, sino un modelo anatómico.

“La pieza más antigua que tenemos es una estatua anatómica de Auzoux hecha en papel maché, que llega en 1846”, señala, quien agrega que corresponde a una pieza francesa, similar a otras que se pueden encontrar en museos de carácter educativo, dado que la enseñanza en Chile contemplaba modelos de este tipo.

Con el avance de la ciencia se fueron incorporando nuevas técnicas de conservación, como preparados en cera, polímeros, glicerinado, corrosión y osteotecnia, lo que permitió ampliar las colecciones que hoy forman parte del museo.

Donar el cuerpo para enseñar

Otro aspecto fundamental en la historia del museo es el programa de donación voluntaria de cuerpos, que comenzó en 1985.

Se trata de personas que, en vida, toman la decisión de donar su cuerpo para fines científicos y educativos, contribuyendo directamente a la formación de estudiantes de medicina y otras carreras de la salud.

El valor histórico y académico del museo llevó a impulsar su reconocimiento como patrimonio nacional. El proceso fue liderado por el propio Cárdenas junto a la profesora Teresa Valenzuela, quienes lograron reunir siguiente documentación histórica y argumentos sobre la relevancia del lugar para la formación médica en Chile, y gracias a su esmero y dedicación el museo fue declarado Monumento Nacional de Chile en 2016.

Hoy el espacio no solo cumple una función académica. También abre sus puertas a la comunidad, en una apuesta por acercar el conocimiento científico al público general, especialmente niños y niñas: “Es parte del patrimonio del país y es importante que se mantenga para las generaciones futuras. La universidad pública también tiene el deber de abrir estos espacios a la sociedad”, destaca el director.

Cada año el museo recibe más de 16 mil visitantes, entre estudiantes, actividades educativas y público general, además de miles de personas que llegan durante el Día de los Patrimonios.